lunes, junio 06, 2011

Desde Doña Bárbara y La Rayuela a Juventud en Éxtasis y El Alquimista: ¿Qué tan bajo a caído la literatura latinoamericana?

I

La lectura espiritual moderna en el Ecuador es rey. Luego de leer Paulo Coelho, políticos, pelucones y la clase baja visitan al famoso psíquico Cristian mientras beben té verde y están convencidos que el pensamiento positivo está a la izquierda del lóbulo frontal.

¿En qué momento se jodió el Ecuador? ¿Fuimos siempre tan escuetos?

Luego de la Independencia, la expulsión de los españoles nos obligó a definir una identidad nacional. Este dilema acabó con Bolívar mientras araba en el mar y nos llamaba ingobernables. Indios, negros, cholos y blancos se preguntaron: ¿Y ahora qué? Entonces respondió la pluma. Hay que primero entender que nosotros nacimos polarizados. Los capitalinos con la capilla, la plaza y el ayuntamiento empujaban orden y progreso importado (ver bandera de Brasil) y daban tanto látigo como haba tostada a los indios.

Entonces, el odio hacia nuestra herencia aparece en el “Facundo” de Sarmientos. Este concluye que debemos ser Estados Unidos (y acabar con los nativos) ya que los capitalinos con moda son el futuro. Puede parecer un mal comienzo literario, pero cuando uno se sienta a escribir, las primeras 10 páginas siempre valen verga.

En este ambiente nació la réplica. Con Huasipungo y Cruces Sobre el Mar, se limpiaba el sudor del indígena y el trabajador de los escupitajos elitistas. Este tira y jala es la primera gran revolución literaria latinoamericana. Aquí se sentó el terreno donde guerrearían las plumas:

¿Quién chucha somos?



II

La historia nos cuenta dos cosas: los vencedores y los perdedores. En la segunda etapa la pluma se volvió melancólica, aceptando que somos a la vez víctimas de la historia y bastardos que perpetuán la colonización. Como un púber (véase “El Espejo Enterrado” de Fuentes) que no entiende el acné, se viene a escribir sobre pasar de Inca y Azteca a un pobretón rompiendo piñatas borracho, comiendo pollo Kentucky y poniéndole la cola al burro (véase “El Laberinto de la Soledad” de paz). Entendimos al fin que no somos héroes de nuestra existencia, sino villanos cansados de tanto violar a las etnias marginadas en la carrera a ser norteamericano. El lector perspicaz se dará cuenta que la pluma en la primera etapa buscaba definirnos hacia afuera (ej. debemos ser como Estados Unidos) mientras que en la segunda etapa se llora hacia adentro.

La contra a las lamentaciones internas vinieron de Rodó, Martí y el Che Guevara. La contestación fue llena de promesas y proyectos: Nosotros no somos para andar trabajando en fábricas y comer hamburguesas a lo gringo, ni tampoco para sentirnos mal toda la vida, existe un alma latinoamericana que quiere ser y estar entre iguales y no definirse en ricos y pobres, que rechaza el mensaje que nos dice qué comprar, vestir y pensar… pues la vida merece ser un espacio para ser y no para competir.

Duró poco.



III

Al llegar los años sesentas y setentas, la literatura llega a su tercera etapa, la más exitosa comercialmente. Vargas Llosa, “La Rayuela” y García Márquez son los monopolistas de la internacionalización de la experiencia latino-humana. Por ejemplo, en “Los Jefes,” se nos muestra el estigma social a través de “Pichulita Cuéllar,” un niño que pierde medio pene por la mordida de un perro. Se reduce a hablar de cosas que pudiendo pasar en cualquier lado, pasan aquí. En La Rayuela, tenemos Argentinos hippies y fanáticos del Blues viviendo neuróticamente. El debate dejó de serlo. Estos tipos lo mezclaron todo y nada le gustó más al mundo moderno que olvidarse del problema, de dejar a un lado el peso de averiguar lo que importa, y limitarnos a inventar novelas psicológico-interculturales.

Pero existen arrechos que no nos dejan olvidar. Mariátegui quiso hasta cambiarle el nombre de Latinoamérica a Indoamericana a punta de plumazos, mostrando que la pregunta sigue allí, que de hecho somos los cojudos de la historia y de la economía y que el capitalismo nos convierte a todos en consumidores de productos foráneos, chupando así la riqueza de pueblos periféricos hacia los centros económicos.

¿Quién no quiere hoy comprarse una nueva laptop?

Al final, los grandes ganadores fueron los que le comieron el pene al niño.



IV

Entonces llegamos a la actualidad donde a mi me da vergüenza estar vivo. Apareció “Volar Sobre el Pantano” y “Juventud en Éxtasis.” Es decir, 1001 libros de autoayuda que se leían hasta en colegios. Se hicieron millonarios los que no escriben bien ya que el cuaderno del pensar positivo es una fórmula simplista: ¿Quiere tener éxito? Siga los pasos a, b y c y/o no hagas lo que cuento en el capítulo 1, 2 y 3.

Los que no tratan de eso, son traducciones de libros similares o novelo-películas a la “Código Da Vinci” y “Padre Rico Padre Pobre.” Tanto billete recoge esta cuarta etapa, que se ha visto en la necesidad de mezclarlo todo con el fenómeno Paulo Coelho. Ese es el García Márquez de esta mierda, pues te da autoayuda, espiritismo y novela para lectores que llegaron al 2do grado.

Esta etapa no tiene respuesta. Las pocas mentes de mi generación que saben que eso es paja, se bajan Football Manager y se olvidan del problema. Durante el día, se ponen una máscara en el trabajo y si tienen que hacerlo, hasta escupen una frase positiva para quedar bien.

Hoy puede ser un gran día.

2 Comments:

At 1:52 p. m., Blogger Santhros ibn Shinu said...

Hace un tiempo leía que las ventas de libros electrónicos han superado a las de los impresos.

Esto sería algo conmovedor si se ignora la tendencia de ventas actual. Si nosotros en Latinoamérica tenemos una enfermiza tendencia a buscar libros de "superación" y "auto-ayuda", en los EEUU las ventas de la autora de la serie de los vampiros más patéticos imaginables lidera las ventas, seguida de Tolkien y de los libros de Harry Potter.

A mi alguien tuvo la idea de regalarme un libro "Crepúsculo", del cual alcancé a leer los tres primeros capítulos. No se si me estoy envejeciendo y me quedo atrás de las olas de cambios culturales, pero en mi época los vampiros eran seres brutales que bebían sangre de las nenas, pero a la vez eran elegantes y prototipos de virilidad. Ahora son unos completos maricas, débiles de caracter y sin ese instinto animal y oscuro que todos llevamos dentro y que la temática del vampiro no hace sino alegorizar.

Sólo en el viejo continente cambia un poco el panorama, pero tampoco es que se esté gestando un cambio cultural trascendente.

Si Orwell pudiera ver lo que le sucede a las personas, y particularmente a los adolescentes y jóvenes adultos, seguramente pediría que retiren sus libros de circulación.

 
At 7:58 a. m., Blogger Tijerón said...

Un pana me dijo lo mismo sobre los vampiros. Segun un psicologo brother, asi como los zombies tocan el inconciente en cuanto a hacer luto y nuestro ritual con los muertos (los zombies son esos muertos que no podemos olvidar), los vampiros antes tambien tenian su rol a la Freud. Ahora lo que se esta viendo es una transculturacion a traves de la comedia romantica. Lo mismo creo que se puede decir de la musica pop.

 

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