lunes, junio 27, 2011

Luego de matar a tu familia, ¿qué haces?

Jonathan “Thor” López estranguló a su mujer con un cable, frente a sus hijos. Luego, la niña mayor recibió la muerte de un martillazo a la cabeza, presumiblemente por llorona. El menor apenas respira luego de que Thor le encestó otro en la cara.



En su casa de Samanes la policía encontró a un Jonathan tranquilo en medio de una escena de Dexter:


“La maté para que no me deje.”


Lo que la nota no dice es que es del colegio Javier. De clase media, esa que se esfuerza harto por salir adelante y reza todas las noches (su hermano mayor es médico.) Sacaba 20 en conducta y en diversas materias en casi todos los bimestres durante 6 años. Fue armador de varios equipos de básquet y uno de los mejores pasadores juveniles del Ecuador en su época, asunto que hoy habla de su precisión con el martillo.


Jonathan es mi pana (¿o ex pana? Nunca sé después de estos casos.)


Se había quedado sin trabajo durante meses, la mujer lo iba a dejar por otro, las deudas lo acechaban y los hijos exigían comida, futuro… liderazgo.

Si López fuera detective, sería un John McClain que no chupa, pero contrario a las películas de “Duro de Matar” donde el principal comienza en la verga para luego salvar al mundo (o a Estados Unidos que es lo mismo) mientras mata a los árabes y recupera a su mujer, Jonathan sabía que en Samanes no hay efectos especiales.

Su mujer hace rato anda oliendo a Royalton, cosa que tira con un aniñado que no se esforzó ni la mitad que el man pero igual es mucho más hombre (léase platudo), que los árabes del Ecuador trepan la escalera social con cada shawarma, y que sus días de gloria han quedado tan desteñidos como los uniformes de básquet.

Antes de que me acusen de justificar a un parricida, cabe destacar que a este coctel existencial le debemos añadir una pastillita: Espirón, recetada a Jonathan por su psiquiatra/dealer para disminuir la ansiedad creada por la impotencia ante el desempleo y el fin de su relación por falta de éxito. En otras palabras, la ansiedad creada en la pobreza.

El Espirón es un ansiolítico, y la larga lista de efectos secundarios incluye trastorno de pánico, fobia y terror. Y así es como funciona esta sociedad de verga, eres pobre, te dejan, te deprimes y te diagnostican un fármaco en 15 minutos que tiene que compensar por toda la mierda que te tira encima un mundo enfermo. Al final, la puta pastilla te quita el estrés como chucha sea.

1 Comments:

At 10:19 p. m., Blogger Yo y otro Yo said...

En mi país pasa lo mismo, el clonazepam se vende en un mercado al lado de los chocolates. La gente maneja su auto, enseñan en las escuelas y hasta vota en las elecciones medicada. Pero cuidado con regular la venta de esas porquerías. jajaja

Muy bueno leerte de nuevo. Saludos desde Argentina!

 

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